domingo, 7 de enero de 2018

Soy Patricia. Y no quiero decidir.

Decisiones. ¿Por qué la vida está llena de decisiones? Quisiera quedarme aquí, con los ojos cerrados, notando el calor del sol en la cara, sintiendo este aroma a mar que me acerca la brisa.
Y no pensar. No quiero pensar.
Solo quiero disfrutar del placer que me otorga esta copa de vino que tengo en la mano. Y del silencio. Bendito silencio. No puedo permitirme volver a oír su voz. ¿Es mucho pedir?
No quiero recordar. ¿Por qué me obligan a recordar?
No quiero la responsabilidad de la vida de nadie entre mis manos. No puedo erigirme en heroína a costa de tanto. 
¿Por qué yo?
Solo deseo estar aquí, callada, sin acordarme de sus ojos, sin notar de nuevo su olor, que no me deja pensar en nada más.
Quiero quedarme aquí, sola, tranquila.
Me acojo al derecho a no decidir. Estoy harta de hacerlo. ¿Puedo no hacerlo? ¿Puedo seguir aquí, sentada, con mi copa en la mano, la brisa en el rostro y la mente inundada de ella?
No, por supuesto que no. Ya lo sé. No soy capaz de decepcionar a nadie.
Ya he llegado tarde para la paz, tarde para el olvido.
Me muero de ausencia.

Regreso a Eterna.

miércoles, 6 de diciembre de 2017

Mi nombre es Gea. Y no quiero morir


Mi nombre es Gea. Y no quiero morir. Cada una de mis células está luchando contra el tiempo, a contrarreloj. Escucho sus latidos acelerados, agónicos, mientras contemplo los muros de piedra que se elevan hasta el infinito.
El sol. Esta mañana han entrado unos rayos débiles, titubeantes, derramando sombras alargadas. Ayer llovía.
Hace frío. Antes nunca tenía frío. 
Frío en la piel y frío por dentro. 
El frío de la abstinencia. El frío de su ausencia.
La desconfianza me salvó la vida, pero no era vida.
Hoy, que confío, me quedo sin tiempo.
Mis horas se reducen a esperar. Tengo la esperanza de que hoy venga, de que me diga otra vez que está a punto de lograrlo. 
Ya me da igual. 
Deseo que me toque, que me toque con sus ojos cargados de realidades distintas a lo que anuncian sus palabras. No dejo que me toque de otro modo. No podría soportar su compasión.
Pero necesito que siga tocándome así, con sus ojos; sus ojos que gritan la necesidad de volver a tenerme con mi rabia intacta, de volver a comerse la furia de mi cuerpo, de volver a saciarse con mi dulzura oculta. Ella,  la única que supo sacarla a la luz. 
Y ahora, no me queda tiempo.

Mi nombre es Gea. Y no quiero morir.
Regreso a Eterna.

jueves, 2 de noviembre de 2017

¿Qué hay en La Esencia?

Esto es lo que he preguntado a las invitadas con las que estoy compartiendo una magnífica botella de vino. Todas ellas han participado, con mayor o menor fortuna, en la historia que cuenta la novela.
—En La Esencia hay riesgo —responde Samoa sin un ápice de duda.
 Me observa, armada con una mirada ámbar cautivadora, colocándose una mecha de color rubio oscuro detrás de la oreja.
—Para mí —interviene Ronda— lo que encierra La Esencia es toneladas de amor.
Los oscuros ojos se posan en su pareja buscando un reconocimiento que encuentra de inmediato. Samoa se aproxima y funde sus labios con los de ella. Un beso breve que significa mucho más de lo que se intuye.
—Pues yo digo que en La Esencia hay amistad, pero también traición —alega Marisa, sentando cátedra. 
Evita mirar a nadie con ánimo de no arruinar la tertulia. Un carraspeo incómodo acompaña su rotunda afirmación.
—En La Esencia, ante todo, hay magia —dice Noe, soñadora. 
Observo a la mujer pelirroja con la esperanza de descubrir el sentido intrínseco de sus palabras, pero su mente parece estar volando muy lejos. De hecho, las gafas de montura negra tras las cuales se esconde dejan ver unos párpados cerrados.
—Pues yo creo que detrás de La Esencia hay diversión, sensualidad, aventura —afirma Lola en tono superficial. 
Miro cómo sus largas y cuidadas uñas aferran la copa y se la llevan a unos labios exquisitamente perfilados.
—Yo diría que en La Esencia interviene el destino y un exquisito juego de confluencias —señala Mel, alzando su bebida para proponer un brindis—. Pero también ofrece el profundo aroma del buen vino.
Las cinco secundan el gesto de Mel, apoyando una causa común que las tendrá amarradas de por vida, a su pesar.
¿Ya has buceado en La Esencia?

No tardes. Regreso a Eterna llega empujando con fuerza. Tiempo al tiempo.

miércoles, 20 de septiembre de 2017

Hilda y Hebe



No creáis que ha sido fácil concertar esta cita. Lograr que dos mujeres excepcionales abandonen Eterna para acudir al Beso de Luna y que, además, vengan a contarnos algunos secretos, creedme, no sucede todos los días. No obstante, he conseguido arrancarlas de sus responsabilidades, de sus escarceos en el lago, de sus escaladas temerarias, del escurridizo sweetball
Hilda y Hebe, pareja declarada, están aquí.
—Os agradezco muchísimo que hayáis venido. Ya sé que cada vez que salís de la ciudad aumentan los riesgos de que os descubran, de no poder regresar…
Hebe, la mujer de rasgos exóticos — mitad indios, mitad orientales—, juguetea con su copa de vino mientras piensa en lo que ha de responder.
—Bueno, en realidad han cambiado algunas cosas…
—¿Algunas cosas? ¡Ha habido una auténtica revolución en nuestra vida! —se adelanta Hilda, la valkiria rubia de ojos cristalinos.
—¿Solo en vuestra vida? —me aventuro a preguntar.
—No, en la nuestra y prácticamente en la de todas las ciudadanas. Me atrevería a decir que incluso en el resto del mundo. Lo que ha ocurrido en Regreso a Eterna va a influir en mucha gente —responde Hebe, apartando la melena oscura de su cara con la mano.
—Como dirían en La guerra de las Galaxias, ha habido una conmoción en la fuerza —ríe Hilda.
—Y a vosotras os ha pillado de pleno.
—Podía haber sido peor —declara Hebe.
—Digamos que hemos pasado momentos complicados, pero también muy excitantes. Han ocurrido muchísimas cosas que me encantaría compartir, pero ya sabes que no puedo, así que solo voy a decir que esta aventura va a ser difícil de olvidar —interviene Hilda.
—No puedes revelar datos concretos de esta historia, pero si podrías dar una pista, hacer un guiño, algo que pueda resumirse en una sola palabra. ¿Qué te parece?
—¿Una sola palabra? —pregunta Hebe entrecerrando los ojos.
—¡Gubla! —suelta Hilda sin pensar.
—Gubla… perfecto. ¿Y tú qué dices, Hebe? ¿Cuál sería la tuya?
—Norma.
—Comprendo.
Las dos observan su copa y una chispa telepática provoca que la apuren al unísono de un solo trago. Yo las miro y sonrío.
Gubla y Norma.
¿Cuál será la primera palabra que os venga a la mente cuando leáis Regreso a Eterna? Con el tiempo la descubriréis y os pediré que la compartáis conmigo.

miércoles, 9 de agosto de 2017

De nuevo, Iduna

Como corresponde a las tórridas noches de agosto, el perfume afrodisíaco de los jazmines ejerce su influjo sobre la multitud de almas que buscan el abrazo del Beso de Luna; almas que huyen del encierro de las paredes, del encierro de las rutinas, del encierro de su soledad.
Un revuelo repentino me hace unirme a las decenas de ojos que se giran, atónitos, hacia la entrada del local.
Sé que ella está aquí.
En cuanto mi vista la alcanza, comprendo la conmoción que ha sacudido el Beso de Luna como si de un seísmo se tratara. La recién llegada mueve sus líneas perfectas embutida en un traje de motorista a modo de segunda piel. En lo alto de su más de metro noventa de estatura, la melena del color del fuego ondea al ritmo de la brisa , dejando entrever unos ojos grises únicos, moteados de verde y ámbar.
Iduna.
Empiezo a creer que un radar misterioso guía sus pasos, ya que avanza directa hacia el reservado en el que estoy esperándola.
—Gracias por venir —le digo poniéndome en pie.
Iduna se inclina lo necesario para besarme en la mejilla, haciéndome partícipe de su olor inconfundible a bosque, a lluvia, a peligro.
No es de extrañar que quien la ha conocido no pueda quitársela de la cabeza.
Su mirada analiza, atraviesa, seduce, incomoda.
Le ofrezco una copa de vino blanco fermentado en barrica. Sé que le gusta.
—Te has acordado —me dice saboreando un primer sorbo fresco y aromático.
Siempre me sorprende la cadencia sensual de su voz. No llego a acostumbrarme.
—Por supuesto —respondo, bebiendo de la mía—. ¿Cómo estás?
—Buena pregunta. Y difícil de responder.
—Inténtalo.
—Podría decir que más feliz que nunca y, al mismo tiempo, decididamente triste. Y preocupada.
—¿Por el futuro?
—Sobre todo.
—¿Cómo lo ves?
—Imprevisible.
—Eso es algo que odias, supongo.
—Sabes que me gusta controlarlo todo.
—Y ahora se te ha descontrolado…
—Absolutamente.
Esta vez apura la copa hasta el fondo.
¿Qué puede estar preocupando a Iduna?

Regreso a Eterna, la continuación de La daga fenicia,  nos lo contará, pero habrá que esperar un poco…

sábado, 24 de junio de 2017

Reencuentro con Mel

—Tenía muchas ganas de volver a hablar contigo—le digo mirándola intensamente.
Sus ojos, de un ámbar luminoso, encierran reflejos imposibles: el rugido del mar Mediterráneo, los secretos de una mente productiva, el ímpetu de un corazón en llamas, la mirada de pasión de Carla, el abrazo de Alejandra, su hija.
Podría decirse que Mel ha ganado en atractivo durante estos años que han impuesto cierta distancia. Su cabello dorado se ha aclarado por efecto del sol y hace resaltar un bronceado intenso. Las arruguitas en torno a esos dos focos de color dorado que son sus ojos se multiplican al estallar la sonrisa burlona.
—No me he ido a ninguna parte… —dice, provocadora.
—Lo sé. Tú siempre has estado ahí. Lo que no sabía era que conocieses a Samoa.
—Claro que lo sabías. Tú lo sabes todo, ¿recuerdas? —me suelta, sonriendo ya abiertamente.
—Lo habré olvidado —respondo, guiñándole un ojo.
—Seguramente —replica, llevándose a los labios su cerveza helada, sin dejar de mirarme.
—¿Qué tal está Carla?
—Muy ocupada, como siempre.
—Imagino que todo marcha bien entre vosotras.
—¿Tú qué crees?
—Que la forma que tenéis de miraros lo dice todo.
—El amor solo hay que alimentarlo día a día. Todo lo demás funciona solo.
—Tuviste muchas dudas al principio…
—Es normal. Tú también las hubieras tenido. Carla tiene quince años menos que yo. Ahora mismo su belleza es como un foco que deslumbra cuando lo miras, una llama que lo arrasa todo, mientras las huellas de la edad van haciendo mella en mí. Pero eso a ella no parece importarle.
—Carla está loca por ti. Y tú estás todavía más atractiva que la última vez que nos vimos, eso te lo aseguro. El amor y la sabiduría irradian desde tu interior y se manifiestan a través de tus ojos.
—Gracias, tenemos que quedar más —dice con desenfado—. A Carla la quiero con toda mi alma. Y además me ha dado a Alejandra…
—¿Cómo está vuestra hija?
—¡Muy mayor! Crece muy deprisa. Ya tiene seis años.
—¿Y sigue complicándoos la vida?
—¡Constantemente! —ríe de nuevo—. Pero ya vamos acostumbrándonos. De hecho, esas sorpresas que nos da de vez en cuando ponen más pimienta en nuestras vidas.
—Me lo imagino. No te pregunto por tu carrera porque está claro que tus novelas se siguen vendiendo en todas partes. Y a tu amiga Samoa tampoco parece que le va nada mal…
—¡Desde luego! Ya habrás visto que “La bodega” ha arrasado en todas las librerías.
—¿Sabes tú algo de esa trama? Se rumorea que está basada en hechos reales…
—Si lo supiera ¿crees que te lo diría?
—¿Pacto de silencio entre escritoras?
Mel sonríe y calla, vuelve a llevar la botella hasta su boca y esta vez da un trago largo y refrescante.
Suelto una carcajada ante su actitud.
—¿Volverás para hablarnos de “Regreso a Eterna”?

—Cuando tú quieras, ya lo sabes.

jueves, 11 de mayo de 2017

Las chicas de La Esencia



Samoa me lanza una mirada despierta, analítica, no exenta de cierta travesura. La brisa de mayo se envalentona, barriendo de arriba abajo el Beso de Luna, y le revuelve la melena castaña-dorada, obligándola a apartarse el pelo de la cara para estar pendiente de lo que tengo que contar. Encoje sus larguísimas piernas y se acomoda hacia atrás en su asiento. Es un gesto que deja traslucir cierto nerviosismo. Sé que tanto ella como las cuatro amigas que la acompañan están excitadas por el acontecimiento de esta tarde. Digamos que hoy es su puesta de largo, su presentación en sociedad. Hoy habrá mucha gente que se internará en sus vidas con espíritu crítico, con ganas de disfrutar y espero con ánimo de quedárselas.
—No os preocupéis, estoy convencida de que os van a adorar —les aseguro.
—Tú no eres objetiva, querida —me deja caer Lola, regalándome una de sus sonrisas irónicas.
—Eso es verdad, pero algo me dice que nadie va a quedar indiferente.
—¡Estoy convencida! —ríe Samoa.
—¿Qué propones para que no nos descubran durante la presentación? —pregunta Ronda, clavándome sus magníficos ojos oscuros.
—Si llegáis por separado puede que paséis desapercibidas. No os saludéis ni os sentéis juntas. Podéis acordar un tiempo para ir llegando…
—Es a las ocho, ¿no? —afirma Noe con los ojos grises muy abiertos tras sus gafas de pasta.
—¡A las siete y media, Noe! —le grita Marisa.
—¡Ay, hija, qué susto! Vale, siete y media…—rectifica Noe, ajustándose el coletero que sujeta su melena pelirroja.
Samoa se echa hacia delante en su asiento y toma las riendas de la reunión.
—Creo que podríamos hacer lo siguiente: Marisa, tú irás a las siete y cuarto, en tu línea de llegar pronto a todas partes. Ronda, tú puntual, a las siete y media. Lola, tú podrías llegar a las siete y treinta y cinco, y Noe a las siete cuarenta. Entre saludos y demás, la presentación no habrá empezado. Yo estaré allí a las siete cuarenta y cinco. Imagino que a esa hora habrá bastante gente y podré deslizarme hasta algún rincón donde pueda pasar inadvertida.
—Como si eso fuera posible…—sonríe Ronda.
Lo que pasa por su mente en esos momentos solo lo sabe ella… y tal vez yo.

Os esperamos en la presentación de La Esencia. El evento tendrá lugar en la Librería Tirant Lo Blanch a las 19:30 de esta tarde, situada en la calle Artes Gráficas, 14, frente a la tienda de la Universitat de València.
Brindaremos con un buen vino y, si os apetece, podréis averiguar muchas más cosas relativas a nuestras nuevas amigas.