miércoles, 2 de mayo de 2018

Patasarriba



Patasarriba. Así te deja la vida cuando menos lo esperas.
Te relajas, dejas de estar atenta a las pequeñas cosas, a los detalles más nimios; das por hecho que mañana te levantarás, te ducharás, desayunarás y te irás a trabajar después de haberle dado un beso a tu mujer. Tienes tan claro que todo seguirá igual…

Ilusa.

Tenías que haber abierto los ojos y mirado más.

Agarrado la vida con los dientes.

Hecho el amor por instinto.

Herido la piel a golpe de suspiros.

Asesinado la rutina.

Descuartizado el reloj.

Mordido el alma.

¿Habrá una segunda oportunidad?

Regreso a Eterna te lo cuenta.

Tras el verano.

domingo, 4 de marzo de 2018

Iduna, eternamente frágil


Ya no estoy segura de nada. Mis férreas convicciones se vinieron abajo como un castillo de naipes al soplo de tus labios. Creí tenerlo todo atado y resultó que mis cuerdas mostraban la fragilidad de la tela de araña: una trampa envolvente, aunque fácil de arruinar.
Tú me lo mostraste, tú derrumbaste los muros del castillo levantado sobre espuma.
Y ahora que mis ojos están por fin abiertos, ahora que ha llegado el momento crucial, que me atrevo a pensar en dar el paso, la burla del destino descarga un golpe certero y decide por mí.
Qué vana ilusión la del poder del tiempo en un mundo insaciable. La ambición se devora a sí misma. ¡Hay tanto por hacer!
Démonos la mano. Sabremos qué camino tomar.
Regreso a Eterna.

domingo, 11 de febrero de 2018

Soy Norma


Soy Norma, aunque no siempre lo fui. Viví mucho tiempo bajo un nombre enhebrado con mentiras, medias verdades y derrotas disfrazadas de laureles. 
Tracé un camino ciego pensado para la gloria, haciendo oídos sordos a lo que crujía bajo mis pies. No eran hojas secas arrastradas por el viento. Caminaba sobre las almas como sobre la arena cálida de la playa, dejando atrás un rastro de dolor y olvidos.
No siempre fui Norma. 
Ignoraba que las huellas de mis pasos iban tatuando una señal gemela en mi piel; un vestigio silencioso que iba calando hondo, atravesando células, huesos y tendones hasta llegar a mi garganta.
Cuando ya no pude respirar, desperté de este mal sueño. Ahora soy otra.
Quizás sea demasiado tarde. O tal vez no. Lo único que sé es que voy a redimir cada daño infligido ofreciéndome desnuda, entregándolo todo. Estoy dispuesta.
Ojalá ella me escuche. Ojalá lo sepa.
Regreso a Eterna.

domingo, 7 de enero de 2018

Soy Patricia. Y no quiero decidir.

Decisiones. ¿Por qué la vida está llena de decisiones? Quisiera quedarme aquí, con los ojos cerrados, notando el calor del sol en la cara, sintiendo este aroma a mar que me acerca la brisa.
Y no pensar. No quiero pensar.
Solo quiero disfrutar del placer que me otorga esta copa de vino que tengo en la mano. Y del silencio. Bendito silencio. No puedo permitirme volver a oír su voz. ¿Es mucho pedir?
No quiero recordar. ¿Por qué me obligan a recordar?
No quiero la responsabilidad de la vida de nadie entre mis manos. No puedo erigirme en heroína a costa de tanto. 
¿Por qué yo?
Solo deseo estar aquí, callada, sin acordarme de sus ojos, sin notar de nuevo su olor, que no me deja pensar en nada más.
Quiero quedarme aquí, sola, tranquila.
Me acojo al derecho a no decidir. Estoy harta de hacerlo. ¿Puedo no hacerlo? ¿Puedo seguir aquí, sentada, con mi copa en la mano, la brisa en el rostro y la mente inundada de ella?
No, por supuesto que no. Ya lo sé. No soy capaz de decepcionar a nadie.
Ya he llegado tarde para la paz, tarde para el olvido.
Me muero de ausencia.

Regreso a Eterna.

miércoles, 6 de diciembre de 2017

Mi nombre es Gea. Y no quiero morir


Mi nombre es Gea. Y no quiero morir. Cada una de mis células está luchando contra el tiempo, a contrarreloj. Escucho sus latidos acelerados, agónicos, mientras contemplo los muros de piedra que se elevan hasta el infinito.
El sol. Esta mañana han entrado unos rayos débiles, titubeantes, derramando sombras alargadas. Ayer llovía.
Hace frío. Antes nunca tenía frío. 
Frío en la piel y frío por dentro. 
El frío de la abstinencia. El frío de su ausencia.
La desconfianza me salvó la vida, pero no era vida.
Hoy, que confío, me quedo sin tiempo.
Mis horas se reducen a esperar. Tengo la esperanza de que hoy venga, de que me diga otra vez que está a punto de lograrlo. 
Ya me da igual. 
Deseo que me toque, que me toque con sus ojos cargados de realidades distintas a lo que anuncian sus palabras. No dejo que me toque de otro modo. No podría soportar su compasión.
Pero necesito que siga tocándome así, con sus ojos; sus ojos que gritan la necesidad de volver a tenerme con mi rabia intacta, de volver a comerse la furia de mi cuerpo, de volver a saciarse con mi dulzura oculta. Ella,  la única que supo sacarla a la luz. 
Y ahora, no me queda tiempo.

Mi nombre es Gea. Y no quiero morir.
Regreso a Eterna.

jueves, 2 de noviembre de 2017

¿Qué hay en La Esencia?

Esto es lo que he preguntado a las invitadas con las que estoy compartiendo una magnífica botella de vino. Todas ellas han participado, con mayor o menor fortuna, en la historia que cuenta la novela.
—En La Esencia hay riesgo —responde Samoa sin un ápice de duda.
 Me observa, armada con una mirada ámbar cautivadora, colocándose una mecha de color rubio oscuro detrás de la oreja.
—Para mí —interviene Ronda— lo que encierra La Esencia es toneladas de amor.
Los oscuros ojos se posan en su pareja buscando un reconocimiento que encuentra de inmediato. Samoa se aproxima y funde sus labios con los de ella. Un beso breve que significa mucho más de lo que se intuye.
—Pues yo digo que en La Esencia hay amistad, pero también traición —alega Marisa, sentando cátedra. 
Evita mirar a nadie con ánimo de no arruinar la tertulia. Un carraspeo incómodo acompaña su rotunda afirmación.
—En La Esencia, ante todo, hay magia —dice Noe, soñadora. 
Observo a la mujer pelirroja con la esperanza de descubrir el sentido intrínseco de sus palabras, pero su mente parece estar volando muy lejos. De hecho, las gafas de montura negra tras las cuales se esconde dejan ver unos párpados cerrados.
—Pues yo creo que detrás de La Esencia hay diversión, sensualidad, aventura —afirma Lola en tono superficial. 
Miro cómo sus largas y cuidadas uñas aferran la copa y se la llevan a unos labios exquisitamente perfilados.
—Yo diría que en La Esencia interviene el destino y un exquisito juego de confluencias —señala Mel, alzando su bebida para proponer un brindis—. Pero también ofrece el profundo aroma del buen vino.
Las cinco secundan el gesto de Mel, apoyando una causa común que las tendrá amarradas de por vida, a su pesar.
¿Ya has buceado en La Esencia?

No tardes. Regreso a Eterna llega empujando con fuerza. Tiempo al tiempo.

miércoles, 20 de septiembre de 2017

Hilda y Hebe



No creáis que ha sido fácil concertar esta cita. Lograr que dos mujeres excepcionales abandonen Eterna para acudir al Beso de Luna y que, además, vengan a contarnos algunos secretos, creedme, no sucede todos los días. No obstante, he conseguido arrancarlas de sus responsabilidades, de sus escarceos en el lago, de sus escaladas temerarias, del escurridizo sweetball
Hilda y Hebe, pareja declarada, están aquí.
—Os agradezco muchísimo que hayáis venido. Ya sé que cada vez que salís de la ciudad aumentan los riesgos de que os descubran, de no poder regresar…
Hebe, la mujer de rasgos exóticos — mitad indios, mitad orientales—, juguetea con su copa de vino mientras piensa en lo que ha de responder.
—Bueno, en realidad han cambiado algunas cosas…
—¿Algunas cosas? ¡Ha habido una auténtica revolución en nuestra vida! —se adelanta Hilda, la valkiria rubia de ojos cristalinos.
—¿Solo en vuestra vida? —me aventuro a preguntar.
—No, en la nuestra y prácticamente en la de todas las ciudadanas. Me atrevería a decir que incluso en el resto del mundo. Lo que ha ocurrido en Regreso a Eterna va a influir en mucha gente —responde Hebe, apartando la melena oscura de su cara con la mano.
—Como dirían en La guerra de las Galaxias, ha habido una conmoción en la fuerza —ríe Hilda.
—Y a vosotras os ha pillado de pleno.
—Podía haber sido peor —declara Hebe.
—Digamos que hemos pasado momentos complicados, pero también muy excitantes. Han ocurrido muchísimas cosas que me encantaría compartir, pero ya sabes que no puedo, así que solo voy a decir que esta aventura va a ser difícil de olvidar —interviene Hilda.
—No puedes revelar datos concretos de esta historia, pero si podrías dar una pista, hacer un guiño, algo que pueda resumirse en una sola palabra. ¿Qué te parece?
—¿Una sola palabra? —pregunta Hebe entrecerrando los ojos.
—¡Gubla! —suelta Hilda sin pensar.
—Gubla… perfecto. ¿Y tú qué dices, Hebe? ¿Cuál sería la tuya?
—Norma.
—Comprendo.
Las dos observan su copa y una chispa telepática provoca que la apuren al unísono de un solo trago. Yo las miro y sonrío.
Gubla y Norma.
¿Cuál será la primera palabra que os venga a la mente cuando leáis Regreso a Eterna? Con el tiempo la descubriréis y os pediré que la compartáis conmigo.